En la semana Santa del año pasado asistimos a un evento que muchos pensaron que estaba detrás de la mano de Dios. En un momento dado, en una exposición en nuestro museo la imagen de la virgen, nos dimos cuenta de que la figura parecía que estaba llorando sangre. Esto es algo que alertaron muchas de las personas que estaban allí… Sin embargo, aunque nos hubiera gustado poder analizar la situación en ese momento, no podíamos detener la exposición una vez que estaba en marcha.

Efectivamente, cuando observamos la cara de la Virgen, vimos que caían lágrimas ensangrentadas que ya recorrían gran parte de su rostro. Antes de tocar nada, lo que hicimos fue ponernos en contacto con un grupo de especialistas para que pudieran determinar el origen de esa sangre.

Después de mucho investigar, al parecer se trataba de una especie de pintura especial que, con el paso del tiempo, se iba tornando de un color rojizo muy extremo y muy vistoso. Sin embargo, como no se la había dado el acabado correcto, todavía no estaba seca y por eso se empezaba a desteñir. Así que, no hay ningún milagro detrás de esto.