En el pasado creíamos que un museo debería ser una especie de templo en donde no se debería de permitir la venta de ningún tipo de obra de arte. Sin embargo, cada vez será más los clientes los que se interesaban por una pieza en especial y se ponían en contacto con el administrador del museo para que les pudiera dar un precio privado.

Después de pensarlo durante detenido tiempo, y de evaluar los posibles proes y contras, hemos llegado a la conclusión de que en realidad es una muy buena idea.

Sin embargo, a diferencia de lo que los clientes pueden llegar a querer, es decir, el hecho de ofrecer unos precios privados, nosotros lo que vamos hacer es lanzar al mercado la idea de las pujas. Es decir, en el momento en el que varios clientes interesen por una determinada obra de arte, lo que haremos será, en carácter anual, organizar la pequeña subasta en donde seleccionaremos las piezas más demandadas.

Así podemos estar seguros de que vamos a conseguir el mejor precio y que nadie nos va a poder engañar. Ahora ya sabes por qué vamos a consolidarnos en el mercado.